Sembrando equidad: las mujeres rurales transforman la cadena agave-tequila
Cada 15 de octubre, el Día Internacional de las Mujeres Rurales invita a mirar el campo más allá de la extensa y fertil tierra, para enfocarnos en las manos que sostienen su porvenir. En México, donde 27.4 millones de personas habitan en zonas rurales y más de la mitad son mujeres (50.7%), el sector agropecuario vive tensiones históricas.
Cifras del INEGI y análisis recientes del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) muestran que apenas el 34% de ellas participa formalmente en la economía activa y un 51.5% labora sin prestaciones, además de enfrentar una marcada falta de certeza jurídica sobre la tierra, donde más del 70% de los títulos continúa en manos de hombres.

Frente a esta radiografía nacional, la agroindustria del tequila —motor económico y cultural con denominación de origen— se alza como una plataforma de movilidad social y transformación productiva. En Jalisco más de cien mil mujeres laboran en actividades agrícolas, por lo que el Paisaje Agavero es propicio para reescribir una historia que tradicionalmente ha sido asociada al trabajo masculino, demostrando que la tecnificación, la formalidad y el relevo generacional tienen rostro femenino.
Hoy, las mujeres representan cerca del 35% de los empleos directos generados por el sector tequilero. Su impacto no se limita al eslabón final de la cadena: va desde los surcos del agave y los plantíos hasta los laboratorios de control de calidad, formulación, envasado y dirección corporativa. De acuerdo con diagnósticos impulsados por la Cámara Nacional de la Industria Tequilera (CNIT) junto al IMCO, la industria muestra una tendencia de ascenso cada vez más balanceada: por cada cinco promociones laborales femeninas se registran seis masculinas, con una destacada presencia de mujeres en áreas clave como recursos humanos, finanzas, jurídico y mercadotecnia.
Esta evolución cobra fuerza en casos tangibles de emprendimiento comunitario. De las más de 160 empresas productoras registradas, al menos doce destilerías son encabezadas o fundadas enteramente por mujeres. Proyectos como la tequilera Leyenda de México, dirigida por Melly Barajas en los Altos de Jalisco, operan con plantillas integradas por mujeres de comunidades rurales, capacitadas en cada etapa: desde el cuidado del agave en campo hasta el embotellado y la comercialización internacional. Experiencias como esta transforman salarios en autonomía, permitiendo que la remuneración justa contraste con la realidad del 97% de las mujeres rurales del país que cargan con cuidados no remunerados sin retribución directa.

El desafío de la equidad en el campo mexicano sigue siendo mayúsculo. No obstante, el tequila comprueba que cuando la agroindustria abre caminos hacia la formalidad, la capacitación técnica y la toma de decisiones, la calidad de vida de las comunidades rurales florece al ritmo de su agave.
